19/04/2010 |
Entre las mesas del El Espinillo, pasada la medianoche, es seguro anda el Escribano Bustos; una tenue luz, apenas visible, se ubica en una silla vacía junto a una mesa también vacía, a la orilla, siempre en la última mesa de la fila, y, desde ahí, pretende recuperar las voces amigas que se llevaron su memoria y que, fuera de ella, se volvieron pocas cuando los tiempos se hicieron desolados ...
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